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1.5.13

La música y los medios, desde el jazz

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“¿Quién usa una rueda para aplastar una mariposa?”, desafiaba un titular del Times reviviendo a Alexander Pope una mañana de julio de 1967. El redactor jefe William Rees-Mogg dio por finalizada la lucha de la policía con The Rolling Stones y su influencia mediática permitió evitar la cárcel a Mick Jagger y Keith Richards, inculpados de manera excesiva por un delito que, de no haber sido cometido por los integrantes de un grupo de rock and roll que se reía en la cara de la autoridad, no habría tenido tanta importancia. Fue en una redada en Redlands, la casa que se compró Keith Richards y que pronto se convirtió en el cuartel general de todas sus fiestas. Alertados por el periódico sensacionalista News of the World, la policía, que tenía más ganas de pillar a los Stones que Candace a Phineas y Ferb, se presentó en mitad de una fiesta después de esperar a que se fuera George Harrison y se acusó a Mick Jagger de posesión de speed, el cual había comprado en Italia y era legal. Después de que a los Beatles les hubieran condecorado como Miembros de la Orden del Imperio Británico y se hubieran vuelto intocables, pillar a un Rolling Stone era el mayor trofeo que podría obtener un poli, solo que no habría estado tan bien visto si hubiera colgado la cabeza de Jagger encima de su chimenea. En cuanto a Keith Richards, y según sus propias palabras, el juicio se centró más en por qué Marianne Faithfull se encontraba en la fiesta envuelta en pieles y acabó un día en la cárcel por llamar "vejestorio" al juez.

27.12.12

De cómo Mick Jagger me robó la Navidad

   




Premio al que haya adivinado que estoy de exámenes. Estas últimas semanas he llegado a un estado medio letárgico en el que he estado prácticamente negando una existencia inmediata de los finales. Porque claro, son en enero y aún es 2012. La cosa es que quedan unos tristes cuatro días para que empiece a entrarme el pánico e intente resolverlo haciendo la croqueta por la biblioteca mientras me lamento por las esquinas inyectada de café y RedBull hasta las cejas. Pocos días antes de que esta atmósfera pre-exámenes empezara, la cosa seguía de lo más normal: por el día, Universidad, y por la noche, hervir la sangre de mis prehistóricos vecinos por aporrear ya sea la guitarra, la armónica o el teclado a horas de batín y pantuflas. Al día siguiente esperaba que me perdonaran al recordarles un "Es Navidad" en nuestros encuentros por las escaleras. No funcionó.

Y hablando de gente vieja, los Rolling han dado ya por finalizada esa mini gira que habían empezado casi a regañadientes por contrato. Fue hace unas noches en Nueva York con Bruce Springsteen, que se apunta a un bombardeo como si no tuviera nada que hacer con los catorcemil ochocientos dos conciertos que tiene que dar, y con Lady Gaga, que ha levantado polémica porque nadie sabe si iba vestida de paso de cebra, de efecto Doppler o si es que la habían atropellado por el camino. Creo que Keith Richards ya hizo su apuesta en el bar de al lado. Lo que sigo sin entender es el alto precio de las entradas, como si les hiciera falta. Keith tiene Jack Daniels para aburrir y Mick Jagger ya le roba las chaquetas a Elton John. 

Lo que les pilló desprevenidos fue The Concert for Sandy Relief, un concierto benéfico al que no pudieron decir que no pero del que se fueron a los diez minutos después de que Mick casi se matara nada más empezar por un tropezón tonto mientras saludaba. Se rumorea que Morritos Jagger decía que al día siguiente tenían que dar otro concierto y que le dejaran, que no le daba tiempo a aplicarse su crema reafirmante de noche. Por suerte llegaron a animar la fiesta un Roger Daltrey descamisado tarareando "teenage wastelaaaand" como si tuviera 40 años menos y Paul McCartney con una gorra de marinero subido al escenario con bomberos y parte de seguridad del recinto, como una reunión de antiguos fans de los Village People.

Más cosas. Hace unos días murió Ravi Shankar, el músico indio que influenció a Brian Jones y George Harrison, entre otros y yo sigo sin tener mi ansiado sitar ni idea de tocarlo, pero eso es otra historia, y Neal Morse es el único que se porta bien anunciando conciertos en España. Los que también se pasaron por aquí fueron Jim Jones Revue y Patti Smith, cuyas crónicas estaba demasiado cansada para volver a escribir pero que podéis leer aquí y aquí si, como David Bowie, no tenéis nada que hacer. 

Así, con una gira acabada y sin fechas próximas para una siguiente, los Rolling han decidido volver al sofá en Navidad, dejándome una vez más con cara de Hugh Grant. Aunque según Keith Richards, espera seguir la gira en 2013, pero quién sabe si lo harán como les salga del pie como los conciertos de París. Solo me queda esperar, desde mi búnker de apuntes, que sean benévolos con las fechas. Me pregunto si a ellos les valdrá eso de "Es Navidad".

3.11.12

América, rock and roll y los Trolling Stones






De exposiciones va la cosa. Esta semana, antes de empezar a morir lentamente y sucumbir a la alergia como un gladiador derrotado, he ido a ver Covers, sobre la cultura americana de los 50 y 60. Y yo sigo sin entender que, siendo un tema interesante y gratis, cómo es que la sala de la exposición estaba más vacía que la nevera de un universitario.

Hablando un poco del tema de la exposición, el esplendor material de la sociedad americana de postguerra fue el escaparate con el que se quería vender la perfección de la familia y el auge del consumismo al resto del mundo. En plenos años 50, América se vanagloriaba ante su supremacía con perfectas amas de casa anunciando en la recién adquirida televisión envidiables productos para el hogar. Mientras, el estado de bienestar se rompía para un grupo social que encontraría en esta época la catapulta hacia un protagonismo que se iría reivindicando con el paso de los años hasta convertirse en una de las revoluciones más importantes de la historia. Los jóvenes americanos no encontraban su hueco en la sociedad materialista y su descontento encontraba su expresión en el estilo que encabezaría un nuevo movimiento, el rock and roll. Con oscuras cazadoras de cuero y pantalones ajustados marca-huevera, el espíritu instigador de James Dean y la voz incandescente de Elvis antes de volverse tordo se dio forma al nacimiento cultural más trascendental de todos los tiempos. La América conservadora y convencional se vio de pronto arrasada por el impulso adolescente de los solos de guitarra y las Harleys (avdbghsjdh) ostentosas y fue el escenario donde tuvo lugar el primer paso para el cambio que estaba a punto de producirse en todo el mundo.

Además de motos que sentí la necesidad urgente de robar y salir corriendo con una por el centro a plena luz del día, había revistas como Life o Time colgadas del techo con la resistente sujeción de un hilo, con Liz Taylor, Marilyn Monroe o The Beatles en sus portadas. Una gran pantalla en la que también tienen su momento de gloria los cuatro de Liverpool corona la sala mostrando actuaciones en vivo de varios artistas que avivaron la fiebre del rock and roll en su paso por América. El Jailhouse Rock de un Elvis en su mejor época, el tupé de Little Richard, James Brown y su desparpajo en el escenario, las canciones protesta de un Bob Dylan jovencísimo con su imprescindible armónica o The Rolling Stones con Mick Jagger hecho un pollo paseándose con gracia por el escenario acompañado por Brian Jones a la pandereta son algunas de las imágenes que aparecen y que me hicieron querer sacar una tienda de campaña de esas del Decathlon y quedarme a vivir ahí para siempre. Pero no lo hice.

El espíritu de la era dorada del rock and roll se impregna hasta en las paredes de la exposición, donde enormes murales que quería llevarme para mi habitación captan la atención ya desde la puerta de entrada. Con el título de "Descarados" se da pie a las grandes fotos que aglutinan la revolución musical de los años 50 y 60, con The Rolling Stones y The Beatles en el centro, rodeados de los precursores que hicieron saltar la chispa del rock, como Chuck Berry, Buddy Holly o los ya homenajeados en pantalla James Brown, Elvis o Little Richard. No podían faltar tampoco Jerry Lee Lewis mostrando su ardiente pasión por el piano (je) y el grupo femenino de la época, The Ronettes. También hay lugar para las portadas de algunos de los discos más representativos de la época, desde Ray Charles hasta The Beach Boys, así como tres pantallas conectadas a unos auriculares en las que pasan una y otra vez Elvis y el intérprete de Johnny B. Goode con su característica ES-335 roja.
 
La exposición recrea una época representativa y una cultura que ha logrado permanecer en el tiempo de manera inalterable, con unos mensajes que aún son aplicables hoy en día y que hace envidiar a muchos contemporáneos esa forma inconformista de ver el mundo de las nuevas generaciones de la época, cuando el talento pareció emerger de golpe en una explosión de letras y música únicas, incombustibles y eternas.

Por otra parte, los Trolling Stones siguen haciendo de las suyas y antes de los de Londres han dado dos conciertos sorpresa en París con entradas a un precio que no es ni un cuarto de lo que valen las de sus posteriores (y programados) conciertos. Vamos, que Mick Jagger se levantó un día de resaca en Francia y dijo "ya que estamos". Lo raro ha sido que a Ronnie no se le haya escapado nada. 

29.9.12

El paraguas que le faltó a Andy Warhol







Si en plenos 60 a Andy Warhol se le hubiera ocurrido diseñar un paraguas de celofán de tres metros o un impermeable con escafandra y yo lo hubiera podido tomar prestado de la exposición, probablemente anoche no habría terminado como si acabara de darme un paseo por una terraza del Nautilus.

Con una foto del artista en la entrada y algunas de sus frases más provocativas coronando cada una de las paredes de la Sala Picasso se inauguraba este viernes la exposición Andy Warhol Superstar, cuyo nombre hace honor a las personalidades emergentes de los 60 que se cocinaban en la Silver Factory de Nueva York, donde el dinero, la droga y todo tipo de actuaciones artísticas tenían lugar en la época en la que nació el derecho a los célebres quince minutos de fama.

Este mismo taller de Warhol se recrea en la exposición del Centro Cultural Bancaja, con una pared cercana a la entrada recubierta de pintura plateada y una pantalla que refleja algunos músicos y conocidos que se dejaban caer por su estudio en la llamada Edad de plata, como Nico o Bob Dylan. También se ha colocado una pantalla al lado que muestra un sofá apostado en el centro de la sala para que los asistentes puedan representar una sesión de The Factory pero que fue usado la mayor parte de la noche como lugar de reposo para señoras con moño.

El universo del irreverente y excéntrico artista amante del dinero y el consumismo, del “plástico” de Los Ángeles y espejo de la actitud y cultura de una sociedad que tardó en acogerle se concentra en una escueta exposición de 63 piezas sacadas del Museo Andy Warhol de Pittsburgh, en la que no faltan sus clásicas serigrafías pero donde se echa en falta un poco más de carne.

Entre sopas Campbell y coloreadas copias de Marilyn Monroe emerge una recopilación de obras con gusto americano, vacas fluorescentes, recreaciones sumergidas en color de cuadros como El nacimiento de Venus de Botticelli y El grito de Munch o retratos de la élite digna del artista símbolo del pop art, como Michael Jackson o Muhammad Ali. También anuncios de décadas anteriores y representaciones de objetos banales bañados por el toque Warhol, el cual los convirtió en el icono de una época. Publicidad y arte perfectamente fusionados. Frente a ellos, círculos de seguidores del polémico artista, tanto jóvenes como wannabes maduros con espíritu bohemio y coletas canosas, acompañados de algún que otro fotógrafo que merodeaba por ahí con un flash más grande que los focos del Bernabéu. Y ningún paraguas que poder robar.

Una exposición centrada en la pintura, el campo quizá más importante del polivalente artista que dejó su huella en otros diversos ámbitos artísticos desde el diseño de portadas de cds de algunos de los más grandes grupos de rock de los 60, pasando por fotografías de las personalidades más importantes de la época o incluso en el mundo cinematográfico.

La recreación de The Factory quizá sea uno de los puntos fuertes de la exposición o por lo menos más destacables por su innovación y la oportunidad de la interacción del público en la exposición. Sin embargo con los datos aportados en el pequeño cartel adyacente al sofá aquellos que no estén al corriente de los ambientes en los que se movía Warhol poco podrán deducir sobre lo que era The Factory y el verdadero hervidero de arte y fama que constituyó en el Nueva York de los 60-70.

Por otra parte, esta exposición ha sacado ha relucir el polémico tema que ha ido rondando tanto a Warhol como a todos los artistas que innovaron de forma radical en su tiempo. Mucho se ha criticado al artista neoyorquino por su pasión por el consumismo, su ambición por el dinero y las ansias de poder presumir de él. El hecho de colgar un cuadro con el símbolo del dólar para que todo el mundo pueda apreciar que lo importante esta vez no es su arte, sino su precio, ha sido tema de discusión desde que Andy Warhol asomó la cabeza por primera vez en el mundo artístico.

Sin embargo, no hay que olvidar que el representante del pop art fue capaz de convertir un objeto banal como una sopa corriente o un simple plátano en una obra de arte representativa de una época, al estilo del retrete de Duchamp. Fue el espejo del nuevo modelo de fama que nacía después del auge que experimentó la música en aquellos últimos años y del nuevo concepto de estrella que había nacido.
Las artistas más groovies e influyentes querían bañarse en el lujo y el famoseo de las nuevas estrellas y codearse con aquellos que tuvieran en común su nueva visión del mundo. La figura de estrella de rock o supermodelo se paseaba día y noche por el estudio plateado, meta de todo aquel que quería ser alguien en esa época. Warhol supo captar y espolvorear en sus lienzos todo aquella visión.

Por otra parte, los Rolling ya han hecho público el tráiler de lo que será su próxima película-documental, Crossfire Hurricane, que cuenta sus 50 añacos, Brian Jones incluido. Además, también van a lanzar Charlie is my darling en dvd el 6 de noviembre y un nuevo disco de recopilaciones con dos tristes canciones nuevas. Vamos, de todo menos una gira decente.


13.8.12

Los JJOO en el Swinging London










En un primer momento, viendo la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos en Londres, creía estar viendo El Señor de los Anillos. Tanto prado verde por el que se paseaban alegremente señores vestidos de época y ríos de lava fundida que se movían en círculos para formar lo que yo creía que era el Anillo Único, que luego resultó ser uno de los anillos del logo de las Olimpiadas, daba bastante rienda suelta a mi imaginación después de no haberla usado en todo el verano. Dejó de ser tan peliculero cuando hicieron su aparición cientos de coloridos Beatles ataviados como en el álbum de Sgt. Pepper's.

De lo que puedo recordar, esa noche se dieron cita desde tributos a las personalidades más groovies del swinging London hasta de los agitados 90, pasando por las hombreras, los calentadores y los bailes estrambóticos que décadas anteriores protagonizaron el ambiente de las calles de la capital mundial de la cultura.

Ni qué decir de la entrada triunfal de una reina octogenaria con complejo de chica Bond lanzándose hacia el estadio desde un helicóptero que, según el cambio de luz, llevaba dando vueltas sobre Londres desde el mediodía. Poco después, aterrizaba para disfrutar en primera fila de la insolencia del dj que puso a los Sex Pistols en su presencia. No es de extrañar entonces la cara de estreñimiento con la que Su Majestad nos deleitó durante toda la velada mientras se limpiaba las uñas y miraba de reojo mientras desfilaban aquellos países que le tocaban un pie.

Además de cientos de Mary Poppins que cayeron del cielo para atacar a un Voldemort de unos diez metros que se erguía en medio del estadio, Mr. Bean tuvo su momento estelar tocando una tecla en la Orquesta Sinfónica de Londres en la representación del tema de Carros de Fuego.

Durante el espectáculo en el que bailaron varias personas cubiertas de los pies a la cabeza con colores fluorescentes, sonaron de fondo algunas canciones míticas, adornadas con imágenes del grupo en una pantalla, como My Generation, de The Who; Satisfaction, de The Rolling Stones; All Day & All Of The Night, de The Kinks o She Loves You, de The Beatles mientras en el centro de la pista los bailarines formaban el símbolo de la paz. 

La fiesta seguía su camino hacia los 70, con varios clones de Bowie disfrazados de algo similar a Ziggy Stardust mientras unos cuantos astronautas de colores se elevaban en el cielo londinense al ritmo de Starman, seguidos de Queen y la revolución punk de la mano de los Sex Pistols bajo la atenta mirada de la reina. Poco después, la noche se sumergía en los sintetizados 80 con Frankie Goes To Hollywood o la conocida Sweet Dreams y en los 90 con Firestarter y varias imágenes de Trainspotting.

Por otra parte, entre los portadores de la antorcha se pudo ver a un trajeado David Beckham conduciendo sin despeinarse una lancha por el Támesis, la cual debió de calársele a mitad de camino y por eso estuvimos media hora sin saber de su existencia.

Después de un desfile de todos los países que más tarde participaron en los Juegos y seguramente alguno más que se coló para saludar, les tocó el turno de actuar a Arctic Monkeys y al veterano Paul McCartney, que le hicieron esperar tanto para salir que yo creía que ya se había puesto el batín y las zapatillas en el backstage mientras se chutaba café. El legendario bajista del Höfner con forma de violín, después de unos problemas técnicos al principio de Hey Jude, consiguió que todo el estadio, y yo desde mi casa, coreara su característico "Nanana" al unísono.

A pesar de la blasfema ausencia de una triste referencia a The Rolling Stones, la ceremonia de clausura no se quedó muy atrás. También le quitó muchos puntos que esta vez la reina no saltara desde ningún sitio. Se ve que se encerró en su habitación y dijo que no, que si volvían a tocar los Sex Pistols no quería ir. Se quedó de morros toda la noche sirviéndose pacharán mientras veía la ceremonia por la tele y cantaba All By Myself.

Sin duda compensaron la falta de la jumping queen gracias a un emotivo homenaje a John Lennon, con un grupo de niños coreando Imagine bajo unas imágenes del mismo videoclip para después formar una escultura con el rostro del Beatle más descarado en medio de la pista. Ocurrió poco después de que una avalancha de mods se hiciera con el estadio a lomos de su fiel Vespa, que solo les faltaba gritar "Jumanji".

Fue una ceremonia bastante protagonizada por los cuatro de Liverpool, a pesar de que esta vez no hubo interpretación en directo, pero no faltaron como banda sonora cuando se escucharon de fondo algunas perlas como Here Comes The Sun, único recordatorio del segundo Beatle fallecido.

Y, una vez más, los organizadores volvieron a trollearnos colando todo tipo de imágenes, vídeos y canciones de David Bowie a mitad de la noche, pero ni rastro del rey del glam en carne y hueso. Pasé de imaginarme un Duque Blanco saliendo de una tarta gigante con plataformas y un cetro a vérmelo en el sofá de su casa comiendo palomitas, riéndose y pensando en nosotros con condescendencia. También ha habido rumores de que estuvo toda la ceremonia poniéndose hombreras y calentadores para su número y que para cuando terminó de maquillarse eran las tres de la mañana.

Otro que tuvo su momento estelar fue George Michael, que no parece aceptar su edad con dignidad y se dedicó a pasearse por el escenario embutido en cuero y engalanado con gafas de sol.

Por otra parte, Brian May demostró que puede dejar embarazada a más de una con un solo de su guitarra e hizo su espectacular aparición para acompañar la pantalla gigante que mostraba un Freddie Mercury en uno de sus conciertos de antaño. 

Poco después saltaba Muse al escenario, encabezado por Matt Bellamy, que parecía que se acababa de revolcar en pegamento antes de darse una ducha con purpurina. Después de cegar a todo el estadio con su traje de bola de discoteca, el grupo que dio banda sonora a los Juegos Olímpicos dejó paso a una exhibición carnavalesca llena de elementos exóticos y bailes caribeños recién llegados de Brasil, país en el que tendrán lugar los próximos Juegos. 

Es por esto que casi me esperaba que Roger Daltrey entrara al escenario moviendo las caderas como un sabrosón a ritmo de samba antes de empezar a cantar Baba O’Riley, como si los 60 siguieran despiertos.

13.7.12

Medio siglo desde que Brian Jones bautizó el rock











Debería haber actualizado hace ya días, concretamente el 3 de julio, aniversario de la muerte de Brian Jones. Pero coincidiendo con que hoy hace 50 años desde que Los Rolling Stones actuaron por primera vez en el Marquee del swinging London, he decidido hacer un remix, a ver qué pasa.

Rubio, bajito, inseguro, culto y con bruscos cambios de humor, Brian Jones fue el fundador oficial del grupo de rock más importante de todos los tiempos, al cual encontró nombre en un vinilo de Muddy Waters de una manera precipitada en medio de una conversación telefónica. Esa fue la que les proporcionó su primer bolo con lo que sería la primera alineación de los Stones, con Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Dick Taylor y Mick Avory (y no Tony Chapman como se cree).

Amante del blues de Elmore James, con un hijo ya a cuestas y los que le quedan y siendo uno de los pioneros de los 60 en tocar la slide guitar, Brian metió al recién formado grupo dentro del blues clásico del Mississippi, época en la cual nada tenían que ver con su reformada imagen, años más tarde, de grupo de rock and roll.

Brian cultivó la música desde pequeño y llegó a ser uno de los mayores multi-instrumentistas de la época al dominar una cantidad de instrumentos mayor que los tics de Rajoy. Esto dotó al grupo en sus primeros años de unos sonidos exóticos y trabajados que le proporcionaban riqueza a sus canciones con melodías extraídas del sitar, el dulcime o la marimba. No firmó ninguna composición, pero el sonido inconfundible de sus aportaciones instrumentales es más que notable en los primeros discos de los Rolling, con Brian aún como líder de la formación.

Fue con Andrew Loog Oldham y su insistencia en la configuración del dúo Jagger-Richards para la composición de canciones propias, tras la salida al mercado de discos en los que tan solo se podían escuchar versiones de temas blues y algún rock and roll, cuando la presencia de Brian en el grupo se vio obligada a apartarse a un lado.

Oficialmente se ha dicho que Brian “era incapaz de componer”, cuando en realidad al líder original de los Stones le fue vetada esa posibilidad por considerarse sus canciones con demasiadas raíces blues en una época en la que la invasión de los grupos rock británicos era demasiado grande como para ser ignorada. La aportación de Brian a los Rolling Stones siempre fue instrumental e intelectual e incluso de manager de su propio grupo antes de que Oldham apareciera para ofrecerles ser el lado opuesto a los Beatles.

Sin poder componer, con una nueva tendencia al rock que dejaba olvidado el blues inicial y la nueva producción a manos de Mick Jagger y Keith Richards del disco psicodélico de los Stones que les dio el nombre oficial de Sus Satánicas Majestades, enfatizado además por el alcohol y las drogas, Brian empezó a desmotivarse a la hora de participar en el grupo, el cual, por otra parte, se negaba a abandonar al ser él mismo quien lo había formado.

La última actuación pública de Brian Jones como un Rolling Stone fue en el Rock And Roll Circus, proyecto ideado por el mismo Brian y en el que participaron grupos como Jethro Tull, The Who, John Lennon con Dirty Mac y los propios Stones, donde juraría que la ceñida camiseta que luce Mick Jagger la he visto en la sección de mujer del Carrefour.

Fue ahí cuando, tras ver actuar al Beatle más hippie, Brian le propuso formar un nuevo grupo junto con Jimi Hendrix, con el cual ambos tenían muy buena relación. Por esta idea se originó otra de las conjeturas acerca de la muerte de Brian, ya que ese súper grupo que pretendía fundar significaba la supuesta separación de tres de las bandas más importantes del momento, Los Rolling Stones, Los Beatles y la Jimi Hendrix Experience. La pérdida de estos grupos no convenía ni a productores ni a managers y Brian recibió varias llamadas que le aconsejaron que se replanteara la idea.

Para entonces, en medio de la grabación de lo que sería Let It Bleed y a las puertas de 1969, Brian ya se había mudado a Cotchford Farm y desentendido por completo de las sesiones de grabación con Los Rolling Stones, cuya música ya no compartía.
Fue en esa casa de Sussex donde Mick, Keith y Charlie, que ya habían empezado a grabar con Mick Taylor, fueron a decirle que oficialmente se encontraba fuera de los Stones.

Habiendo perdido la novia y el grupo a manos de sus ex-compañeros en los Rolling Stones, Brian tenía muchos proyectos aún en mente -que incluían a Eric Clapton y a Jimi Hendrix- la noche del 3 de julio en la que se ahogó en su piscina a manos de Frank  Thorogood, el capataz de los obreros a los que contrató para remodelar la vieja casa y el cual, en su lecho de muerte, confesó lo ocurrido a Keith Richards.

Y hasta aquí la historia del responsable de que hoy se cumpla medio siglo de vida de la banda más importante de la historia del rock. Lo que me hace recordar que ahora mismo se está celebrando una party hard en el centro de Londres con cientos de fans en la puerta entre los que no estoy yo, mientras Jethro Tull está de concierto en Madrid y Bob Dylan afina su guitarra antes de salir al festival de guiris por antonomasia.

27.4.12

Los Beach Boys reviven; Keith Moon y EMI, no









En medio de Nueva York, el Stone más artístico ha decidido cambiar sus guitarras por pinceles y el resultado se ha expuesto en la sala de arte The Broome Street Gallery hasta el 30 de junio. Ronnie Wood se ha estado entreteniendo cual actividad del Imserso plasmando en lienzos e incluso en guitarras a diferentes personalidades, sobre todo a su querido grupo de rock and roll. Keith Richards liándose un porrete, incluido. "Va a llegar lejos", ha declarado Sergio Ramos (perdón).

La exposición la presentó junto a Kenney Jones, batería de The Who después de que falleciera Keith Moon y hecho que los organizadores de los Juegos Olímpicos de Londres no se molestaron en buscar en Wikipedia, ya que contactaron ilusionados con el manager del grupo de Pete Townshend para pedirle que el batería, que lleva 34 años muerto, tocara en la ceremonia de clausura The Symphony of Rock. Parece ser que el iluminado al que se le ocurrió la idea empezó a llorar en una esquina hasta que pensó "Llamaremos a John Lennon." Ahora está en el sofá de su casa comiendo helado mientras ve El diario de Bridget Jones.

Por otra parte, los Beach Boys preparan nuevo disco para verano, y como "nuevo disco" se entienden "nuevos temas", no un recopilatorio, remasterización o (auto) versiones de canciones más usadas que los singles de Adele en la radio. El viaje a los 60 empieza con That's Why God Made The Radio, un tema muy Beach Boys con sus clásicas armonías vocales incluidas. 

Además, a Iggy Pop solo le falta la boina y una baguette en la portada de su nuevo disco de covers francesas, Après, a no ser que prefiera llevarlo con alguno de los modelitos con los que visite España este año. Y otro que viene y al que me sería mucho más fácil ir al concierto en medio de exámenes si esto fuera una película americana de adolescentes es Lenny Kravitz, que pisará Valencia el 29 de mayo.

Y en cuanto a multinacionales y trapicheos varios para dominar al mundo, el camino se va acortando para Universal y Sony ahora que están a punto de hacerse con EMI, el legendario sello británico que acogió a los Beatles, trolleó a Radiohead y le dio la patada a los Sex Pistols. Al final lo comprará todo Hacendado y Manuel Carrasco acabará siendo nuestro líder.

16.4.12

Beatles Reloaded y las dotes de mimo de Johnny Depp


Cruzar Abbey Road parecía más sencillo mirando la calle exenta de coches en la portada del disco de los Beatles, pero lo cierto es que lo único que conseguí el sábado fue que me pitara un Peugeot mientras trataba de emular a Ringo en medio del asfalto. Y como Paul McCartney no salió a ofrecernos un té o a recibirnos aunque fuera en batín y pantuflas decidimos abandonar tras conseguir una foto desencuadrada y con un ángulo extraño.

El viaje, además de para acabar con todas las existencias de discos de blues de los 50 de todo Londres, también me ha servido para descubrir la gran afición de los ingleses a las cruces y a los pichones en el estampado de cualquier tipo de camiseta y a los pósters de Daleks gigantes que seguro que quedarían preciosos en mi salón.

Y volviendo a los Beatles, se ha publicado ya el nuevo vídeo de la canción de Paul 'Carrillos' McCartney, My Valentine, con Natalie Portman y Johnny Depp fundidos en blanco y negro representando la canción mediante el lenguaje de signos. En realidad, no encontrarse últimamente por ahí con el actor que encarna al pirata amanerado pintado cual estrella de rock es más raro que ese día en que anunciaron que Bob Dylan compartiría cartel con David Guetta. De hecho, con esta última colaboración con el ex-Beatle, ya se ha relacionado con dos de los grupos más míticos de la historia, incluyendo a los Stones por la intervención de Keith 'MeGustaEscalarCocoteros' Richards en Piratas del Caribe como capitán Teague. Además de Nine, la canción que le va a dedicar Patti Smith en su próximo disco por su cumpleaños. Se ve que no quedaban tartas en Carrefour.

Y como me está dando la noche hoy con el cuarteto de Liverpool y tengo poco más que contar, parece que se está cociendo Beatles reloaded, y así podría pasarme el rato inventándome nombres hasta llegar a versionar los títulos de las pelis de sobremesa de Antena 3. El caso es que los zagales de John y compañía se están planteando unirse para formar una nueva generación de Beatles. Dhani Harrison, el ser con el que la genética ha hecho un copia y pega de su padre, incluido.

(En realidad, mi idea original era escribir una entrada sobre el Rock n' Roll Circus de los Rolling, al que ando bastante enganchada últimamente o algo sobre Buddy Holly y demás. En fin, próximamente. La cabra siempre tira al monte).

2.11.11

Scorpions vuelven a los escenarios de los que aún se estaban despidiendo


A lo largo de la vida, todos hemos podido sentir en nuestras carnes alguna vez la llamada "nostalgia", ese amargo sentimiento que nos recorre la espalda cuando abrimos el baúl de los recuerdos y encontramos fotos de cuarto de Primaria con ese corte de pelo a lo tazón atrae-collejas. O quizá al recordar el bar que tenía como plato estrella ese bocadillo de tortilla tan especial y que nunca hemos vuelto a encontrar. En todo caso, ha sido esta vez en el seno del mítico grupo Scorpions donde ha aflorado el sentimiento de morriña, esa atracción irrefrenable que sienten hacia los escenarios de los que, al parecer, no se van a ir ni con agua caliente.

El caso es que, y tal como predije sin necesidad de llamar a uno de esos programas echa-cartas de Mediaset en noches de insomnio y Colacao, los del icónico Wind of Change se han pensado mejor, en plena gira de despedida, lo de retirarse, y han decidido sacar un "nuevo" disco, Comeblack. Tras decidir este jugoso nombre, tiene toda la pinta de que los miembros de la banda alemana se hayan chocado los cinco para luego abrazarse efusivamente, cual periodista con tirantes y café al que se le ocurre un ingenioso juego de palabras para el titular de mañana.
En dicho disco se podrán encontrar auto-versiones de sus viejas canciones (gran muestra de amor propio) y de otros grupos, incluyendo The Rolling Stones, The Beatles y The Kinks. Saldrá el 4 de noviembre, en CD y en formato vinilo, que está resurgiendo de sus cenizas y en las estanterías de los más melómanos, quienes ya van a tener que empezar a tirar CDs para poder hacer sitio al tocadiscos. La maravillosa paradoja musical de nuestros días.

Por otra parte, sus satánicas majestades se han apuntado a la moda de lanzar ediciones de discos remasterizados (Some Girls) con sus antiguos éxitos, colando alguna perla, en este caso No Spare Parts, grabado en 1978.
Esto, lamentablemente, no significa una nueva gira de los Stones. Lo más probable es que las razones de esto sean las miradas de infinito desprecio que cortan el aire entre los dos líderes del grupo y la apretada agenda de Mick 'NiñoConZapatosNuevos' Jagger con su otro grupo, SuperHeavy. Se dice que cuando le han preguntado de dónde piensa sacar tanto tiempo para todo ha murmurado un "Dame hueco que yo ya..."

Luego ha sacado una vara. Pero son solo especulaciones. 

12.7.11

La amenaza de jubilación de Los Fósil Stones


Mi último día de reclusión después de un largo y eterno mes aguantando soporíferas hojas infumables sobre nietos de emperadores que llevan muertos más de tres mil años e iglesias y monasterios que jamás me voy a molestar en pisar se merece una entrada de celebración, también conocida como "ahora que tengo tiempo libre me aburro y actualizo". Seguramente os encontraréis muchas así en lo que queda de verano pero si ACDC saca discos recopilatorios en vez de pasarse por España yo puedo contaros mis desérticos e inútiles días de vacaciones hasta que el botón de "Aburrido" del inferior de la entrada eche humo. Como por ejemplo que mientras este viernes el ambiente de los 60 inundará Madrid de la mano de The Beach Boys en un concierto al que tendrán que llevarse bombonas de oxígeno "solo por si acaso", yo estaré decidiendo si ir a un cine o a otro basándome en la comida que vendan. Apasionante.

Y ahora parece que esta vez es la definitiva y que aunque Los Rolling 'Fósil' Stones sigan existiendo sobre el papel, la mala ostia de los casi octogenarios va a hacer bastante poco probable la supuesta y esperada gira para el año que viene, así como el proyecto de "Some Girls", del que mejor ni hablamos. A no ser, claro está, que Mick Jagger se canse de su nuevo grupo, Super Heavy, o que la cantidad millonaria que seguramente les ofrecerán por su vuelta y con la cual tendrán Corega para la dentadura postiza de por vida les haga cambiar de opinión y decidan hacer una enésima última gira, como Scorpions, que aún siguen dando vueltas por ahí. "Es que nos queremos despedir bien" han argumentado desde el Polo Norte, uno de los pocos sitios que aún les quedaba por visitar.

Por lo demás se acaban las entradas para Red Hot Chili Peppers en diciembre en Madrid y Alice Cooper se borra del cartel del Sonisphere, ¿alguien da más?