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20.9.13

A relaxing Springsteen

A pesar de llevar meses sin dejarme caer por aquí y de cambiar de blogger a wordpress y de wordpress a blogger hasta haberme planteado seriamente lanzar el ordenador por la ventana y entregarme al budismo tibetano, y a pesar de no haber comentado sobre el tema más que un triste tweet mendigando un fav, no voy a decir nada del relaxing cup de las olimpiadas ni de la intachable imagen que nos hemos ganado internacionalmente. Nada, salvo que Ana Botella debería haber contratado al mismo que le ha enseñado español a Springsteen. Se ve que desde el concierto en Madrid que dio el verano pasado, donde la chuleta con el discurso se veía desde las gradas, ha debido de dar un curso de CCC o algo por el estilo, porque se ha arrancado a versionar 'Sólo le pido a Dios', con unas cuantas frases antes incluidas. Podrá tener un cartel gigante detrás de la cámara o algo, pero a mí con leer así a final de curso mientras paso el prompter en clase de Televisión, me vale.



Por otra parte, últimamente he estado leyendo cosas como "El nuevo disco de los Beatles saldrá el 11 de noviembre". Y no, no es que me haya pegado tal fiesta que haya viajado atrás en el tiempo, sino que se va a lanzar la continuación del 'Live at the BBC' del grupo de Liverpool. Yoko Ono ya está pensando qué puede hacer para rascar pasta de algún lado. Por lo menos no es una reedición remasterizada con el cd del revés o alguna cosa nueva que se les ocurra ahora, que sólo falta que Paul McCartney se reedite a sí mismo. "Ahora habla en estéreo", anunciarían en NME. Y hablando de Paul, su álbum 'New' estará listo para el 14 de octubre, del cual ya dejó caer un single muy 'beatleiano' hace unas semanas. Ese es el disco que tanta inquietud había creado en los fans de la vieja escuela desde que McCartney dejó entrever que iba a "hacerlo más moderno". Como un padre con una gorra de rapero. De momento, yo sólo he escuchado el single unas 40 veces. 

1.5.13

La música y los medios, desde el jazz

Imagen



“¿Quién usa una rueda para aplastar una mariposa?”, desafiaba un titular del Times reviviendo a Alexander Pope una mañana de julio de 1967. El redactor jefe William Rees-Mogg dio por finalizada la lucha de la policía con The Rolling Stones y su influencia mediática permitió evitar la cárcel a Mick Jagger y Keith Richards, inculpados de manera excesiva por un delito que, de no haber sido cometido por los integrantes de un grupo de rock and roll que se reía en la cara de la autoridad, no habría tenido tanta importancia. Fue en una redada en Redlands, la casa que se compró Keith Richards y que pronto se convirtió en el cuartel general de todas sus fiestas. Alertados por el periódico sensacionalista News of the World, la policía, que tenía más ganas de pillar a los Stones que Candace a Phineas y Ferb, se presentó en mitad de una fiesta después de esperar a que se fuera George Harrison y se acusó a Mick Jagger de posesión de speed, el cual había comprado en Italia y era legal. Después de que a los Beatles les hubieran condecorado como Miembros de la Orden del Imperio Británico y se hubieran vuelto intocables, pillar a un Rolling Stone era el mayor trofeo que podría obtener un poli, solo que no habría estado tan bien visto si hubiera colgado la cabeza de Jagger encima de su chimenea. En cuanto a Keith Richards, y según sus propias palabras, el juicio se centró más en por qué Marianne Faithfull se encontraba en la fiesta envuelta en pieles y acabó un día en la cárcel por llamar "vejestorio" al juez.

23.4.13

Cuando Phil Spector metió la zarpa en los Beatles



Let it be, además de la banda sonora del anuncio de Danone, fue el último álbum de estudio de The Beatles, a pesar de empezar a grabarse antes que el de la mítica portada del paso de cebra. Let it be se publicó en Reino Unido allá por 1970, dando por finalizada la hasta entonces imparable carrera artística del grupo de Liverpool.

Con este álbum empezaron las peleas en el barro sesiones de grabación en 1969, bajo el nombre inicial de Get Back y la descripción del sutil Lennon de “el pedazo de mierda peor grabado con el ambiente más asqueroso de la historia”. Este proyecto, que fue apartado en abril para dejar paso a Abbey Road, contó con la producción del excéntrico Phil Spector, el malhumorado creador del mundialmente conocido “muro del sonido”, quien apareció en escena llamado por George y John.

Si ya había tensiones en el llamado “Álbum Blanco”, donde cada Beatle parecía estar trabajando en un mini disco por separado, en Let it be el ambiente que reinaba entre ellos apenas dejaba que coincidieran en el estudio, siendo el pobre Paul el único que aún intentaba alargar, sin éxito, la vida del grupo. Aún así, también hubo momentos tensos durante Abbey Road, donde la producción fue mucho más relajada. Sucedió cuando a Yoko, que no sabe que con la comida no se juega, le dio por levantarse de la cama (sí, le habían instalado una cama en el estudio) para robarle una galleta a George Harrison, quien la llamó "zorra" mientras miraba impotente desde el otro lado del cristal, donde también estaba John Lennon. Pero eso otro día.

Por la grabación de Let it be se produjo el concierto más famoso de la historia en el propio tejado de Apple, en Savile Row. Paul McCartney, en un intento de salvar The Beatles como muestra de su nuevo papel de sucesor de Brian Epstein, había sugerido la creación de un disco que les devolviera a sus lejanos inicios de rock and roll y que les permitiera volver a tocar en directo. Desde 1966 y para el horror de sus pobres fans, el grupo no había vuelto a pisar un escenario como método para centrarse en la búsqueda de nuevos sonidos más trabajados, siendo el primer disco de esta etapa el mítico Sgt. Pepper's, que abrió la puerta a la psicodelia y a los álbumes conceptuales. Sería entonces cuando Mick Jagger diría "yo también quiero" y nacería Their Satanic Majesties Request.

Con la mano de Phil Spector de por medio, Let it be tuvo todo lo contrario a la frescura del rock and roll revivido que había pedido Paul. El productor norteamericano, del que se dice que le gustaba llevar una pistola encima, no dudó en meter su muro de sonido, inundando las piezas de orquestas y coros, y acabando con la paciencia de McCartney, sobre todo con la edición de The Long and Winding Road.

Años más tarde, en el 2003 se publicó Let it be… Naked, la versión con remezclas de las grabaciones originales en las que Paul manda a freír espárragos a Spector. Ahora, se ha publicado en edición digital y se ha añadido 20 minutos extra de conversaciones en el estudio y fotografías. El batería, por su parte, apuesta por McCartney: “Cuando lo escuché por primera vez, me asombré. Me devolvió a los tiempos cuando éramos un grupo, cuando éramos The Beatles”. Muy conmovedor, Ringo. 

3.11.12

América, rock and roll y los Trolling Stones






De exposiciones va la cosa. Esta semana, antes de empezar a morir lentamente y sucumbir a la alergia como un gladiador derrotado, he ido a ver Covers, sobre la cultura americana de los 50 y 60. Y yo sigo sin entender que, siendo un tema interesante y gratis, cómo es que la sala de la exposición estaba más vacía que la nevera de un universitario.

Hablando un poco del tema de la exposición, el esplendor material de la sociedad americana de postguerra fue el escaparate con el que se quería vender la perfección de la familia y el auge del consumismo al resto del mundo. En plenos años 50, América se vanagloriaba ante su supremacía con perfectas amas de casa anunciando en la recién adquirida televisión envidiables productos para el hogar. Mientras, el estado de bienestar se rompía para un grupo social que encontraría en esta época la catapulta hacia un protagonismo que se iría reivindicando con el paso de los años hasta convertirse en una de las revoluciones más importantes de la historia. Los jóvenes americanos no encontraban su hueco en la sociedad materialista y su descontento encontraba su expresión en el estilo que encabezaría un nuevo movimiento, el rock and roll. Con oscuras cazadoras de cuero y pantalones ajustados marca-huevera, el espíritu instigador de James Dean y la voz incandescente de Elvis antes de volverse tordo se dio forma al nacimiento cultural más trascendental de todos los tiempos. La América conservadora y convencional se vio de pronto arrasada por el impulso adolescente de los solos de guitarra y las Harleys (avdbghsjdh) ostentosas y fue el escenario donde tuvo lugar el primer paso para el cambio que estaba a punto de producirse en todo el mundo.

Además de motos que sentí la necesidad urgente de robar y salir corriendo con una por el centro a plena luz del día, había revistas como Life o Time colgadas del techo con la resistente sujeción de un hilo, con Liz Taylor, Marilyn Monroe o The Beatles en sus portadas. Una gran pantalla en la que también tienen su momento de gloria los cuatro de Liverpool corona la sala mostrando actuaciones en vivo de varios artistas que avivaron la fiebre del rock and roll en su paso por América. El Jailhouse Rock de un Elvis en su mejor época, el tupé de Little Richard, James Brown y su desparpajo en el escenario, las canciones protesta de un Bob Dylan jovencísimo con su imprescindible armónica o The Rolling Stones con Mick Jagger hecho un pollo paseándose con gracia por el escenario acompañado por Brian Jones a la pandereta son algunas de las imágenes que aparecen y que me hicieron querer sacar una tienda de campaña de esas del Decathlon y quedarme a vivir ahí para siempre. Pero no lo hice.

El espíritu de la era dorada del rock and roll se impregna hasta en las paredes de la exposición, donde enormes murales que quería llevarme para mi habitación captan la atención ya desde la puerta de entrada. Con el título de "Descarados" se da pie a las grandes fotos que aglutinan la revolución musical de los años 50 y 60, con The Rolling Stones y The Beatles en el centro, rodeados de los precursores que hicieron saltar la chispa del rock, como Chuck Berry, Buddy Holly o los ya homenajeados en pantalla James Brown, Elvis o Little Richard. No podían faltar tampoco Jerry Lee Lewis mostrando su ardiente pasión por el piano (je) y el grupo femenino de la época, The Ronettes. También hay lugar para las portadas de algunos de los discos más representativos de la época, desde Ray Charles hasta The Beach Boys, así como tres pantallas conectadas a unos auriculares en las que pasan una y otra vez Elvis y el intérprete de Johnny B. Goode con su característica ES-335 roja.
 
La exposición recrea una época representativa y una cultura que ha logrado permanecer en el tiempo de manera inalterable, con unos mensajes que aún son aplicables hoy en día y que hace envidiar a muchos contemporáneos esa forma inconformista de ver el mundo de las nuevas generaciones de la época, cuando el talento pareció emerger de golpe en una explosión de letras y música únicas, incombustibles y eternas.

Por otra parte, los Trolling Stones siguen haciendo de las suyas y antes de los de Londres han dado dos conciertos sorpresa en París con entradas a un precio que no es ni un cuarto de lo que valen las de sus posteriores (y programados) conciertos. Vamos, que Mick Jagger se levantó un día de resaca en Francia y dijo "ya que estamos". Lo raro ha sido que a Ronnie no se le haya escapado nada. 

13.8.12

Los JJOO en el Swinging London










En un primer momento, viendo la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos en Londres, creía estar viendo El Señor de los Anillos. Tanto prado verde por el que se paseaban alegremente señores vestidos de época y ríos de lava fundida que se movían en círculos para formar lo que yo creía que era el Anillo Único, que luego resultó ser uno de los anillos del logo de las Olimpiadas, daba bastante rienda suelta a mi imaginación después de no haberla usado en todo el verano. Dejó de ser tan peliculero cuando hicieron su aparición cientos de coloridos Beatles ataviados como en el álbum de Sgt. Pepper's.

De lo que puedo recordar, esa noche se dieron cita desde tributos a las personalidades más groovies del swinging London hasta de los agitados 90, pasando por las hombreras, los calentadores y los bailes estrambóticos que décadas anteriores protagonizaron el ambiente de las calles de la capital mundial de la cultura.

Ni qué decir de la entrada triunfal de una reina octogenaria con complejo de chica Bond lanzándose hacia el estadio desde un helicóptero que, según el cambio de luz, llevaba dando vueltas sobre Londres desde el mediodía. Poco después, aterrizaba para disfrutar en primera fila de la insolencia del dj que puso a los Sex Pistols en su presencia. No es de extrañar entonces la cara de estreñimiento con la que Su Majestad nos deleitó durante toda la velada mientras se limpiaba las uñas y miraba de reojo mientras desfilaban aquellos países que le tocaban un pie.

Además de cientos de Mary Poppins que cayeron del cielo para atacar a un Voldemort de unos diez metros que se erguía en medio del estadio, Mr. Bean tuvo su momento estelar tocando una tecla en la Orquesta Sinfónica de Londres en la representación del tema de Carros de Fuego.

Durante el espectáculo en el que bailaron varias personas cubiertas de los pies a la cabeza con colores fluorescentes, sonaron de fondo algunas canciones míticas, adornadas con imágenes del grupo en una pantalla, como My Generation, de The Who; Satisfaction, de The Rolling Stones; All Day & All Of The Night, de The Kinks o She Loves You, de The Beatles mientras en el centro de la pista los bailarines formaban el símbolo de la paz. 

La fiesta seguía su camino hacia los 70, con varios clones de Bowie disfrazados de algo similar a Ziggy Stardust mientras unos cuantos astronautas de colores se elevaban en el cielo londinense al ritmo de Starman, seguidos de Queen y la revolución punk de la mano de los Sex Pistols bajo la atenta mirada de la reina. Poco después, la noche se sumergía en los sintetizados 80 con Frankie Goes To Hollywood o la conocida Sweet Dreams y en los 90 con Firestarter y varias imágenes de Trainspotting.

Por otra parte, entre los portadores de la antorcha se pudo ver a un trajeado David Beckham conduciendo sin despeinarse una lancha por el Támesis, la cual debió de calársele a mitad de camino y por eso estuvimos media hora sin saber de su existencia.

Después de un desfile de todos los países que más tarde participaron en los Juegos y seguramente alguno más que se coló para saludar, les tocó el turno de actuar a Arctic Monkeys y al veterano Paul McCartney, que le hicieron esperar tanto para salir que yo creía que ya se había puesto el batín y las zapatillas en el backstage mientras se chutaba café. El legendario bajista del Höfner con forma de violín, después de unos problemas técnicos al principio de Hey Jude, consiguió que todo el estadio, y yo desde mi casa, coreara su característico "Nanana" al unísono.

A pesar de la blasfema ausencia de una triste referencia a The Rolling Stones, la ceremonia de clausura no se quedó muy atrás. También le quitó muchos puntos que esta vez la reina no saltara desde ningún sitio. Se ve que se encerró en su habitación y dijo que no, que si volvían a tocar los Sex Pistols no quería ir. Se quedó de morros toda la noche sirviéndose pacharán mientras veía la ceremonia por la tele y cantaba All By Myself.

Sin duda compensaron la falta de la jumping queen gracias a un emotivo homenaje a John Lennon, con un grupo de niños coreando Imagine bajo unas imágenes del mismo videoclip para después formar una escultura con el rostro del Beatle más descarado en medio de la pista. Ocurrió poco después de que una avalancha de mods se hiciera con el estadio a lomos de su fiel Vespa, que solo les faltaba gritar "Jumanji".

Fue una ceremonia bastante protagonizada por los cuatro de Liverpool, a pesar de que esta vez no hubo interpretación en directo, pero no faltaron como banda sonora cuando se escucharon de fondo algunas perlas como Here Comes The Sun, único recordatorio del segundo Beatle fallecido.

Y, una vez más, los organizadores volvieron a trollearnos colando todo tipo de imágenes, vídeos y canciones de David Bowie a mitad de la noche, pero ni rastro del rey del glam en carne y hueso. Pasé de imaginarme un Duque Blanco saliendo de una tarta gigante con plataformas y un cetro a vérmelo en el sofá de su casa comiendo palomitas, riéndose y pensando en nosotros con condescendencia. También ha habido rumores de que estuvo toda la ceremonia poniéndose hombreras y calentadores para su número y que para cuando terminó de maquillarse eran las tres de la mañana.

Otro que tuvo su momento estelar fue George Michael, que no parece aceptar su edad con dignidad y se dedicó a pasearse por el escenario embutido en cuero y engalanado con gafas de sol.

Por otra parte, Brian May demostró que puede dejar embarazada a más de una con un solo de su guitarra e hizo su espectacular aparición para acompañar la pantalla gigante que mostraba un Freddie Mercury en uno de sus conciertos de antaño. 

Poco después saltaba Muse al escenario, encabezado por Matt Bellamy, que parecía que se acababa de revolcar en pegamento antes de darse una ducha con purpurina. Después de cegar a todo el estadio con su traje de bola de discoteca, el grupo que dio banda sonora a los Juegos Olímpicos dejó paso a una exhibición carnavalesca llena de elementos exóticos y bailes caribeños recién llegados de Brasil, país en el que tendrán lugar los próximos Juegos. 

Es por esto que casi me esperaba que Roger Daltrey entrara al escenario moviendo las caderas como un sabrosón a ritmo de samba antes de empezar a cantar Baba O’Riley, como si los 60 siguieran despiertos.

16.4.12

Beatles Reloaded y las dotes de mimo de Johnny Depp


Cruzar Abbey Road parecía más sencillo mirando la calle exenta de coches en la portada del disco de los Beatles, pero lo cierto es que lo único que conseguí el sábado fue que me pitara un Peugeot mientras trataba de emular a Ringo en medio del asfalto. Y como Paul McCartney no salió a ofrecernos un té o a recibirnos aunque fuera en batín y pantuflas decidimos abandonar tras conseguir una foto desencuadrada y con un ángulo extraño.

El viaje, además de para acabar con todas las existencias de discos de blues de los 50 de todo Londres, también me ha servido para descubrir la gran afición de los ingleses a las cruces y a los pichones en el estampado de cualquier tipo de camiseta y a los pósters de Daleks gigantes que seguro que quedarían preciosos en mi salón.

Y volviendo a los Beatles, se ha publicado ya el nuevo vídeo de la canción de Paul 'Carrillos' McCartney, My Valentine, con Natalie Portman y Johnny Depp fundidos en blanco y negro representando la canción mediante el lenguaje de signos. En realidad, no encontrarse últimamente por ahí con el actor que encarna al pirata amanerado pintado cual estrella de rock es más raro que ese día en que anunciaron que Bob Dylan compartiría cartel con David Guetta. De hecho, con esta última colaboración con el ex-Beatle, ya se ha relacionado con dos de los grupos más míticos de la historia, incluyendo a los Stones por la intervención de Keith 'MeGustaEscalarCocoteros' Richards en Piratas del Caribe como capitán Teague. Además de Nine, la canción que le va a dedicar Patti Smith en su próximo disco por su cumpleaños. Se ve que no quedaban tartas en Carrefour.

Y como me está dando la noche hoy con el cuarteto de Liverpool y tengo poco más que contar, parece que se está cociendo Beatles reloaded, y así podría pasarme el rato inventándome nombres hasta llegar a versionar los títulos de las pelis de sobremesa de Antena 3. El caso es que los zagales de John y compañía se están planteando unirse para formar una nueva generación de Beatles. Dhani Harrison, el ser con el que la genética ha hecho un copia y pega de su padre, incluido.

(En realidad, mi idea original era escribir una entrada sobre el Rock n' Roll Circus de los Rolling, al que ando bastante enganchada últimamente o algo sobre Buddy Holly y demás. En fin, próximamente. La cabra siempre tira al monte).

2.11.11

Scorpions vuelven a los escenarios de los que aún se estaban despidiendo


A lo largo de la vida, todos hemos podido sentir en nuestras carnes alguna vez la llamada "nostalgia", ese amargo sentimiento que nos recorre la espalda cuando abrimos el baúl de los recuerdos y encontramos fotos de cuarto de Primaria con ese corte de pelo a lo tazón atrae-collejas. O quizá al recordar el bar que tenía como plato estrella ese bocadillo de tortilla tan especial y que nunca hemos vuelto a encontrar. En todo caso, ha sido esta vez en el seno del mítico grupo Scorpions donde ha aflorado el sentimiento de morriña, esa atracción irrefrenable que sienten hacia los escenarios de los que, al parecer, no se van a ir ni con agua caliente.

El caso es que, y tal como predije sin necesidad de llamar a uno de esos programas echa-cartas de Mediaset en noches de insomnio y Colacao, los del icónico Wind of Change se han pensado mejor, en plena gira de despedida, lo de retirarse, y han decidido sacar un "nuevo" disco, Comeblack. Tras decidir este jugoso nombre, tiene toda la pinta de que los miembros de la banda alemana se hayan chocado los cinco para luego abrazarse efusivamente, cual periodista con tirantes y café al que se le ocurre un ingenioso juego de palabras para el titular de mañana.
En dicho disco se podrán encontrar auto-versiones de sus viejas canciones (gran muestra de amor propio) y de otros grupos, incluyendo The Rolling Stones, The Beatles y The Kinks. Saldrá el 4 de noviembre, en CD y en formato vinilo, que está resurgiendo de sus cenizas y en las estanterías de los más melómanos, quienes ya van a tener que empezar a tirar CDs para poder hacer sitio al tocadiscos. La maravillosa paradoja musical de nuestros días.

Por otra parte, sus satánicas majestades se han apuntado a la moda de lanzar ediciones de discos remasterizados (Some Girls) con sus antiguos éxitos, colando alguna perla, en este caso No Spare Parts, grabado en 1978.
Esto, lamentablemente, no significa una nueva gira de los Stones. Lo más probable es que las razones de esto sean las miradas de infinito desprecio que cortan el aire entre los dos líderes del grupo y la apretada agenda de Mick 'NiñoConZapatosNuevos' Jagger con su otro grupo, SuperHeavy. Se dice que cuando le han preguntado de dónde piensa sacar tanto tiempo para todo ha murmurado un "Dame hueco que yo ya..."

Luego ha sacado una vara. Pero son solo especulaciones.